«ELOISE», Tino Casal
- Los cuadernos de Aroha

- 26 abr 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 3 may 2020

Son muchas, por desgracia, las fechas marcadas en el calendario del pop español, pero una de las que más recuerdo es el 22 de septiembre de 1991. Ese día, Tino Casal, nacido como José Celestino Casal Álvarez, perdió la vida. Eran las 7 de la mañana cuando el Opel Corsa blanco en el que viajaba colisionó contra una farola en la M-500 madrileña. El cantante iba de copiloto y viajaba sin cinturón de seguridad; fue el único fallecido en el accidente. Había nacido en Tudela Veguín, Oviedo, el 11 de febrero de 1950, tan solo tenía 41 años.

Reconozco que mi «primo» es uno de los personajes que más llevo echando de menos en estos 28 años que han pasado desde su desaparición. Casal era único, un adelantado a su tiempo. Y lo más curioso es que creo que hoy en día seguiría siendo igual. Hemos pasado por todas las modas habidas y por haber, pero nunca hubo otro Tino Casal en el panorama musical de nuestro país. Mejores y peores, muchos; diferente como era él, ninguno. Fabio McNamara, uno de los personajes más conocidos de la movida madrileña, lo define como el Leonardo Da Vinci de España ya que, además de cantante era pintor y escultor: En la música, pintura y estilista, era súper avanzado, recuerda Fabio. Aunque hoy quiero contaros cómo se gestó su mayor éxito, Eloise, hagamos un pequeño repaso por carrera musical, ¿os parece? ¡Vamos a ello!

Su carrera musical se inició en 1963, con tan solo trece años, en un grupo llamado Zafiros negros. De ahí se fue a Los Archiduques, sustituyendo a su cantante principal por enfermedad. Esta banda asturiana incluyó, por primera vez en la música pop-rock española, una gaita, convirtiendo Lamento de gaitas en un éxito. Su familia no llevaba demasiado bien esta dedicación a la música, así lo recuerda su hermana Conchita: Mi padre siempre intentaba convencerle para que lo dejara, pero él respondía que su camino era ese. Casal acabó abandonando esta banda para irse a vivir a Madrid y Londres, pretendía perfeccionar otra de sus aficiones, la pintura. En Londres tuvo su primer contacto con la estética «new romantic» y no tardó en adoptarla. En casa nos quedamos un poquitín sobrecogidos, pero nos fuimos acostumbrando, recuerda su hermana. El asturiano ya no abandonaría nunca ese estilo tan personal por el que fue conocido.

En 1977, Tino Casal vuelve a España de la mano de la discográfica Philips, una de las más potentes en aquel momento, y que buscaba en él a un nuevo Nino Bravo. En 1978 participa en el Festival de Benidorm, quedando segundo y se lleva galardones como mejor cantante joven y por mejor composición musical. A pesar de esto, su paso por la discográfica Philips fue bastante discreta, que ya es difícil con las vestimentas que se gastaba el asturiano… Estaba claro que Casal había nacido para ser él mismo, no otro Nino Bravo, y en 1980 produce a varios grupos, entre ellos el del considerado primer grupo de heavy metal en España, Obús. La discográfica Emi se interesa por él y lo ficha, pero no es hasta el año 1983 que empieza a despuntar en nuestro panorama musical. Su primer gran éxito se produce con la publicación de Etiqueta negra, el álbum que contiene Embrujada. Os acordáis, ¿verdad? Esa canción supuso su despegue para convertirse en un artista ÚNICO, así con mayúsculas, por su imagen transgresora y pionera para su época, siendo capaz de ir, incluso, más allá de La Movida.

Pero no todo fue sobre ruedas en su carrera a partir de ese momento tan «mágico». En verano de 1985, durante la gira de Hielo Rojo, sufrió un esguince de tobillo durante un concierto celebrado en Valencia y siguió la gira un par de meses más. ¿Y qué hizo para poder continuar con ella?, pues automedicarse con antiinflamatorios y analgésicos, agravando la lesión que derivó en una necrosis, llegando a temerse por su vida. Su productor y amigo Julián Ruiz, cuenta que el asturiano incluso recibió la extremaunción. Tela Marinera. Necesitó cinco operaciones y casi dos años de hospitalización. Recuerdo que algunos medios propagaron el bulo de que había contraído VIH, e incluso que había muerto. Le ingresaron muchas veces: una vez se le reprodujo la infección, otra se le salió la prótesis del sitio... Tuvo bastantes percances, relata su hermana Conchita.

Y ahora sí llegamos a lo que quería contaros. (¡Bien!) En 1987 reapareció con Lágrimas de cocodrilo. Este disco incluía Eloise, el tema por el que más se le recuerda. Poneros cómodos que os cuento cómo se gestó este éxito que, como sabréis, es un clásico de 1968 cantado por Barry Ryan. A lo que iba… Durante la convalecencia por esa necrosis, Tino Casal solo pensaba en salir del hospital y volver a los escenarios. Allí mismo, él y Julián grababan canciones en un casete y pensaban en cómo sería esa vuelta. ¿Qué podemos hacer, Julián, para salir de esto y salir fuerte? Y así fue como se les ocurrió versionar Eloise, de Barry Ryan. Julián Ruiz recuerda aquel momento: Una de las razones por las que hice amigo de Tino era por su gran cultura musical. Hacía años que nos habíamos fijado concretamente en «Eloise» para realizar una versión. Era una canción de Barry Ryan de los años sesenta. Pero ¿cómo hacer una versión de un tema para el que necesitábamos una orquesta sinfónica? Cuando nos aceptaron el presupuesto no nos lo creímos. Siempre nos habían gustado los arreglos de Andrew Powell que había trabajado mucho con Alan Parsons. Él hizo este solemne «score». Un arreglo rico, vital, formidable y maravilloso, con 90 músicos en el Estudio de Abbey Road.

Bueno, pues cuentan que Tino Casal decía que «Eloise es mucho Eloise», y no es para menos. La grabación de esta canción, en los estudios Abbey Road, no era nada fácil al estar plagada de agudos, y mi «primo» invirtió ocho desesperantes días ¡solo para grabar la voz! Telita. Al parecer, Tino era muy perfeccionista, quería que todo estuviese pulido hasta el último detalle; presentía que aquella iba a ser su obra maestra y no podía permitirse ni un solo fallo por mínimo que fuese. Casal desplegó toda su artillería vocal y supo estar a la altura de las exigencias de esta grabación, luciéndose como quiso en ella. Una anécdota, la factura de Abbey Road fue tan exagerada que, ya que estaban allí y tenían una orquesta sinfónica para ellos solos, decidieron grabar también Volcán, una canción que se prestaba para un acompañamiento sinfónico y fue incluida en Casal Único, recopilatorio publicado en septiembre de 2006.

Tino Casal, en ese afán perfeccionista, no solo cuidó que su voz quedase tal cual él quería, sino que también se encargó de todo lo referente a las sesiones de fotografía, que se realizaron en su propia casa, y al diseño de la portada. Rehizo la letra de Eloise de nuevo y creó el vestuario para el videoclip, que seguramente recordéis porque se trataba de un traje de lentejuelas azul aguamarina. ¡Cómo olvidarlo!
El álbum Lágrimas de cocodrilo en el que se incluyó Eloise, que fue una especie de resurrección para Tino Casal, y se convirtió en el segundo más vendido en España en 1988. Solo fue superado por Descanso dominical de Mecano. Por cierto, en este álbum también estaba Oro Negro, la segunda canción de Casal elegida para ser sintonía oficial de la Vuelta ciclista a España, esta vez la del 88. La anterior fue Pánico en el Edén, en 1984. Seguro que también la recordáis, que eran tiempos en los que todos nos pegábamos al televisor para ver las míticas subidas a los Lagos de Covadonga, entre otros, de mi tocayo Lejarreta, Perico Delgado, Belda o Gorospe. pero ese es otro tema…

En conclusión, Tino Casal se fue dejándonos de herencia algunos de los mejores himnos de la historia del pop español, además de su estilo tan auténtico, renegando de comparaciones y etiquetas. Por cierto, en el año 2016, coincidiendo con los 25 años de su fallecimiento, se organizó una exposición bajo el nombre de Tino Casal, el arte por exceso en el Museo del Traje. CIPE, de Madrid.

Y es que, amigos, aunque no os guste su música, hay algo que no le podéis negar al asturiano, ha sido único en su estilo. ¿Verdad que no se ha notado nada que es una de mis grandes debilidades? Otro día os cuento cómo fue mi visita a su tumba, en su pueblo natal.
Eloiiiiiiiiiiise… Ay, ¡me ahogo! Pues nada, que cante mi «primo», que lo hace divinamente.
Marina Collazo Casal. Artículo publicado en la REVISTA PASAR PÁGINA 25, enero 2020: https://drive.google.com/open?id=1ew5UMFfu1aWX-bBtWwMev-mTHW38Iu22



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